Entrevista a José Auth

 

Entrevista a José Auth, presidente del Partido Por la Democracia , PPD: "Los partidos han perdido la dimensión reivindicativa"


El presidente del Partido Por la Democracia habla aquí sobre lo que llama la estatización de los partidos, para describir cómo las colectividades han concentrado su acción en los cargos públicos, distanciándose de las demandas de la ciudadanía.

"Difícilmente pueden interpretar reivindicaciones sociales personas que están trabajando para resolver eventuales problemas sociales”. También, analiza las dificultades que tiene Chile para comprometerse en un proceso más profundo de integración Latinoamericana. 

Extracto, en el marco del ciclo de entrevistas a personalidades del mundo social, realizadas a la luz de los resultados del Informe sobre Democracia y Desarrollo en América Latina. (ver nota relacionada)

- ¿Cuál cree que es el vínculo de los movimientos sociales con los partidos políticos y en particular con el PPD?

- Yo creo que los partidos políticos han sufrido  un proceso de estatalización brutal. Han abandonado, en los hechos, la ciudad. En parte, por la atracción del Estado, porque este país es extremadamente estatista y se cree que todo se resuelve desde el Estado, porque buena parte de sus cuadros dirigentes fueron absorbidos por él. En una encuesta que hicimos el año 93, el porcentaje de funcionarios públicos dentro de los partidos, no superaba el 10%. Si hacemos hoy día la misma encuesta al consejo general del PPD o del PS, seguramente andaremos por el 90% de personas que trabaja directamente o depende indirectamente del Estado. Eso, obviamente ha generado un distanciamiento porque difícilmente pueden interpretar reivindicaciones sociales personas que están trabajando para resolver eventuales problemas sociales.

O sea, no se puede al mismo tiempo administrar soluciones que reivindicar, y los partidos han perdido la dimensión reivindicativa. Eso ha producido que, primero, los movimientos –aún cuando allí participen militantes- no respondan para nada a los partidos. Es decir, los propios militantes viven la esquizofrenia de militar en horas distintas a las de su ejercicio como dirigente social. ¿Por qué?, porque el partido no les sirve de nada a la hora de ejercer su rol de dirigente social. Esto vale también para la derecha, en otra dimensión. La derecha gremial ha abandonado la política. Ellos no se han concentrado en el Estado pero sí se han concentrado en la administración, sea parlamentaria o sea municipal. También se observa el fenómeno de la disociación entre las asociaciones gremiales y empresariales y los partidos políticos. Esa disociación no existía hace diez años atrás, cuando estaban mucho más imbricados.

- ¿No será que los partidos han dejado el rol de formación y su necesidad de ir “reclutando” desde la sociedad civil personas o dirigentes?

- Yo creo que es más profundo que eso, lo que está en crisis realmente es la oferta del partido para aquel ciudadano que no va a ser político profesional ni funcionario público. ¿Qué es hoy día militar en un partido político que no sea ser concejal o buscar ser concejal, ser alcalde o buscar ser alcalde, ser diputado o buscar ser diputado, ser funcionario público o buscar ser funcionario público? El que no está en ésa, la verdad es que le cuesta militar en un partido y encontrar una función militante distinta. Yo me encuentro con decenas de personas que me dicen “quiero participar ¿qué hago?”, y la verdad es que el partido no le otorga hoy día el mismo sentido que antes.

- ¿Cuáles cree que pueden ser las próximas movilizaciones más importantes o los conflictos en términos de demanda de la sociedad civil ya sea hacia el gobierno o hacia los partidos?

Yo creo que la demanda más difusa pero extendida, y que atraviesa con un hilo todas las demandas, es la de igualdad. Igualdad de trato, es decir, de anti-discriminación: género, clase, cuna, tipo de escuela, tipo de barrio, tipo de trabajo. Creo que eso es lo que atravesó el movimiento estudiantil muy fuerte, incluso desde aquellos que miraron el movimiento estudiantil indignados con el privilegio propio, los estudiantes de colegios particulares que se movilizaron no por sus propias reivindicaciones sino por el desprivilegio de las escuelas públicas, donde se educa con el tercio de recursos con los que se educan ellos y con el triple de alumnos con los que se educan ellos. Entonces, eso interpela al Estado y a la sociedad extremadamente clasista que tiene el país. Interpela también a los partidos en sus lógicas clientelísticas, porque las clientelas son por definición espacios de discriminación. No por género, no por clase probablemente, pero sí por cercanía política, por amistad o por lo que sea. Por otro lado, creo que se van a expresar fuertemente las tensiones entre el desarrollo empresarial e industrial y la conservación del medio ambiente. Este conflicto, que ha sido normalmente hasta ahora un conflicto de una elite empresarial versus una elite cultural e ideológica ecologista, va a ir adquiriendo un carácter más social, es decir, comunidades que se oponen.

- Hoy se ven los efectos de las inversiones que atentan contra el medio ambiente natural y humano, allí además se expresan todo tipo de precarizaciones…

-Exactamente. Y también ven que los beneficios pasan por allá arriba. Lo segundo es que la reivindicación propiamente laboral está cada vez más difícil de expresarse, porque ha seguido avanzando la precarización del empleo. Cuando se habla de empleos decentes, se habla de empleos con sindicalización y con capacidad de reivindicar frente al empleador y la verdad es que caminamos en el sentido inverso.

-¿Cuáles son para usted los principales retos para la democracia y el desarrollo en el país?

- Tienen que ver, básicamente, con la superación de las desigualdades todavía exageradas que persisten en la sociedad, en término de las herramientas con que se enfrentan al mercado los ciudadanos, según donde nazcan, como fueron educados, a qué redes pertenecen, etc. O sea, todavía hay un camino que hacer, que es pasar de ser una sociedad extremadamente discriminadora y clasista a una sociedad democrática. Una cosa es tener una política democrática, y otra cosa es tener una sociedad democrática. Yo creo que la sociedad chilena es todavía extremadamente oligárquica. El principal reto sigue siendo la democratización, ya no formal e institucional. El segundo gran reto tiene que ver con la transferencia de poder a las regiones. Hay una tarea crucial de traslado de recursos, atribuciones, liderazgos, posibilidades de decisión, capacidad de elección, desde el centro a las regiones, sin lo cual es muy difícil que Chile siga creciendo.

Eso pasa desde la política por decisiones institucionales complejas pero fáciles de tomar, como es la elección directa de autoridades regionales. Bastaría que eso ocurriera para desencadenar un proceso de transferencia de poder obligado, porque si tú instalas un liderazgo legítimo, con base social, con capacidad de presión frente al Estado central, naturalmente vas a desequilibrar las cosas. Te digo esto porque normalmente el Estado central se escuda en que no hay transferencia porque no hay capacidades locales, y como consecuencia no hay capacidades locales porque no hay transferencias. Por eso hay que romper el círculo vicioso por la vía institucional. Luego, continúa siendo un desafío relevante garantizar que las inversiones productivas no sólo redunden en beneficio nacional ni de quienes invierten, sino de las comunidades locales. Eso implica movilización de las comunidades para generar fuerza social que acompañe y obligue a eso, pero también una institucionalidad menos “saquera”  a favor de la inversión.

- ¿Cree posible la integración latinoamericana? ¿Cómo ve a Chile en ese proceso?

- Hoy, respecto hace tres o cuatro años, América Latina está más presente en la preocupación y en la mirada del gobierno, de los partidos, etc. Veo que hay más interés de interlocutar con peruanos, uruguayos, brasileños…pero tiene que ver, quizá, con que hay más con quienes interlocutar. Porque el problema de la integración ha estado retenido de manera muy importante porque muchas veces no se ve con quiénes uno podría integrarse, con quiénes uno pudiera establecer acuerdos respetables y duraderos. De alguna manera, eso se ha ido modificando, se han ido constituyendo proyectos más institucionales, proyectos sociales más estables, más sólidos.

Ahora, yo siento también que Chile ha tenido una evolución que lo ha diferenciado muchísimo en términos políticos. Yo fui a Uruguay hace poco a un encuentro de partidos y noté que la manera de reflexionar, de hacer análisis internacional es distinta. Tuve una discusión fuerte en relación al presidente de Venezuela Hugo Chávez. Estábamos en un foro de partidos auspiciado por la Fundación Evert, y al final de la discusión se plantea que se incorporen los partidos de Chávez y yo dije que para la izquierda que se había reconstituido en las luchas contra las dictaduras, la reivindicación democrática había pasado a ser constitutiva de su identidad y de su proyecto. En consecuencia, no era posible establecer una relación igual en estos espacios con el chavismo, cuya vocación democrática está por verse ¡Quedó la embarrada! Además, agregué que “nosotros no podemos definir a nuestros amigos sólo por el grado de enemistad que tienen con nuestros enemigos”. Por lo tanto, no puede ser sólo la aversión o el grado de ataque a EE.UU. lo que va a definir la cercanía o el carácter socialdemócrata o progresista de un partido.

Si la misma discusión se hubiera dado en relación a Cuba, con el partido comunista cubano, probablemente el resultado no habría sido diferente. Los argentinos estaban complicados, pero se quedaron callados porque el sentido mayoritario común es que el anti-imperialismo es el factor principal de definición del progresismo en América Latina, no son las políticas sociales ni es la profundidad de la democracia. No, es el carácter anti-imperialista, y por lo tanto, será progresista un partido en la medida que sea más fuertemente anti-imperialista. Yo creo que ahí hay un corte que es cultural, que en algunos países es más incipiente, pero que Chile evolucionó en otra dirección.

Más entrevistas:

- Rolando Jiménez, presidente del MOVILH
- Claudina Nuñez, dirigenta poblacional
- Lucio Cuenca, del OLCA
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